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Nuestra casa suele ser un fiel e íntimo reflejo de quiénes somos y el estilo de vida que llevamos. No obstante, eso puede verse alterado con el nacimiento de nuestros hijos, los más chicos de la casa y los que más cosas tienen. Te presentamos en esta nota los cambios más comunes que puede atravesar tu hogar con la llegada de los niños.

 

Cada hogar es un reflejo de las personas que lo habitan, sus dinámicas familiares, sus costumbres, su modalidad de trabajo, sus posibilidades económicas y sus gustos y preferencias.

Así, la paleta de colores que reine en la casa, el estilo de los muebles y su organización en los espacios depende mucho más de nuestros hábitos diarios que del ideal de revista de decoración que quisiéramos alcanzar.

Desde los livings que tienen todos sus muebles apuntando a la televisión, pasando por los que optan por un proyector al mejor estilo cine y los que directamente omitieron este electrodoméstico de sus viviendas, cada casa es un mundo: dime dónde vives y te diré quién eres. Pero, ¿qué pasa con esos micro mundos delimitados por paredes cuando llegan nuevos personajes a nuestras vidas?

Es claro que la llegada de los hijos les cambia la vida a las personas, nadie duda que no podrán mantener sus rutinas inalterables cuando tienen niños chicos, pero ¿somos realmente conscientes de cómo afectan los niños la decoración y el uso que le damos a nuestros hogares?

Si hiciéramos un recorrido, habitación por habitación, de una casa habitada por una familia con niños, seguramente encontráramos en la cocina un montón de coloridos vasos de plástico irrompibles, bancos y sillas tamaño miniatura y unos cuantos dibujos colgados con imanes en la heladera.

Después pasaríamos al living y encontraríamos un protagónico corral ocupando casi todo el espacio, con los sillones delegados a un segundo plano y una esquina tomada por un castillo de juguetes estratégicamente desordenados. Además, quizás haya una pared-pizarrón completamente dibujada con tizas de colores.

El baño, sin dudas, tendrá una pelela y un banquito para que los niños alcancen a lavarse las manos, además de los cepillos de dientes pequeños y con motivos de dinosaurios.

Para el cuarto, por último, hay dos opciones: una cuna en la habitación matrimonial, encargada ahora también de la labor de cambiar pañales, con la mesa y la cómoda que eso implica, o un cuarto infantil separado del cuarto de los padres, que, en sus peores momentos, puede volverse tierra de nadie y ser un territorio de difícil acceso por la cantidad de ropa, juguetes y objetos no identificados que impiden el paso.

No obstante, el caos inicial que implica la llegada de los hijos al hogar deja luego paso a un nuevo orden, a partir de las necesidades de los niños y niñas, que una vez más refleja en nuestros hogares lo que pasa en nuestras vidas. Habrá personas más o menos ordenadas, pero lo importante en esta etapa es asumirla con alegría y entender que es un aspecto más de cambio en la vida cuando se agranda la familia.